La tecnología entendida como el único método para conseguir “calidad de vida”, es una mala interpretación de la misma, ya que nos hace olvidar, que con la propia arquitectura se pueden conseguir niveles de bienestar, que en muchos casos son suficientes.

La función de la tecnología debe ser la de ayudar a conseguir ese confort, aprovechando al máximo las energías que nos proporciona la naturaleza, sin olvidarnos de la economía y la salud.

El importante derroche de energía que está realizando la sociedad actual de consumo, es inadmisible, máxime cuando los recursos naturales empleados hasta ahora empiezan a ser escasos.